Si tienes oportunidad y te mola, revisa la gira de Amaral y saca entrada para algún concierto. Si el otro día la montaron parda en un pueblecito de Gerona, no sé lo que puede ser en el Madrid, en Zaragoza o en Barcelona. Tremendo directo de la que para mi gusto, se ha convertido en la mejor banda española del momento.
Es imprescindible que antes te escuches el último disco, Gato negro, Dragón rojo, porque lo exprimen bastante. Y si es una banda que te parece a veces melódica, flipas con la caña que le meten a las guitarras.
Podría alargarme, pero es tarde y mañana curro. Os dejo con el principio del concierto.
Ya estoy situado. Me faltan hacer varias compras y entrar en la rutina normal de casa-trabajo-comer-trabajo-casa, pero poco a poco voy cogiendo el pulso a la ciudad. Esa que véis arriba, la misma que verán mis jefes (mis grandes jefes) desde la terraza de la planta 16 del nuevo edificio de la empresa. Yo me conformo con la primera, que ya es bastante más que el sótano del que he salido.
Tres días en Barcelona ya dan para un post. O recuperar una conexión a internet...
Llegué el sábado y pasé más calor que mi novia en Vietnam. Buenas tardes. La humedad que hay aquí es algo que yo, que tengo facilidad para que el poro se abra, no había tenido en cuenta. Todo es acostumbrarse. Igual que al agua de Barcelona. Uno llega con el estómago puro, intacto, con el sello del Canal de Isabel II, y claro, no puede tomarse un café del Starbucks con demasiada alegría el primer día de viaje, porque no sólo se está metiendo el café, se está metiendo el café con el agua. Total, que tengo a los 300 en el estómago desde hace unos días. Voy mejorando, eso sí.
Como ha mejorado mi situación en la ciudad. Mañana entro al piso en el que me quedo, si todo va bien, sin fecha de salida. Buena zona, a media hora en autobús del curro, con servicios y compañeros de piso majetes.
Hoy ha sido mi primer día aquí. Nos acaban de poner los ordenadores y la redacción es brutal. Si antes trabajaba en Bosnia, esto es Nueva York. Tremendo cambio.
Ya iré contando más cosas, que tengo que llamar a casa para decir que ya tengo piso.
Por si todavía no te habías enterado ni por facebook, ni por un mail, ni por haber coincidido conmigo en la última semana, que sepas que me piro a Barcelona.
A vivir. A trabajar. Tendréis noticias mías a partir del lunes, que es cuando empiezo.
Uno de los 60.000 que disfrutaron anoche de Bruce Springsteen en Madrid fui yo. Me quedé perplejo cuando, a los diez minutos del concierto, que empezó con cuarenta de retraso, caí en la cuenta de que al tío que estaba viendo era una bestia del escenario, un tipo con el que, en directo, te das cuenta de lo que es el rock. El rock es Bruce Springsteen. Y la música es la E Street Band. Tremendo grupo y tremendas tres horas de concierto. Y al acabar, tuve la suerte de cruzar Concha Espina con la furgoneta del Boss parada en el semáforo. Y el tipo saludando a la gente tan pancho, diez minutos de decirle al público que no podía más, que se acababa por hoy (o ayer). Por algo le llaman El Jefe. Esta noche toca en el Camp Nou, convirtiéndose en el primer tipo que llena ese estadio dos días seguidos en toda la historia.
Ha merecido la pena. Tengo grabada la última media hora. En cuanto encuentre una página que lo soporte, actualizaré este post y os dejaré con el vídeo. Mientras, podéis leer las crónicas que hay por toda la prensa nacional. No sé si hablarán del escenario, pero el Bernabeu, para los conciertos, es la bomba. Y si estás abajo ya flipas. Para que matéis el gusanillo, os dejo con un tema que tocó ayer. No estaba Michael Stipe (cosa que provocó que no me tirara desde el segunda anfiteatro. Gracias, Michael, una vez más...) pero el tema es el tema.
Muchos coincidiréis conmigo en que una de las mejores cosas de la Eurocopa ha sido la parrticipación de José Antonio Camacho, Camacho de España, en las retransmisiones de cuatroº.
Esas frases inacabadas, ese estilo inconfundible cantando los goles a grito pelao, ese comentario en la final "cuando se la dan a Messi creamos peligro" (no es broma, inicio de la segunda parte, repasa los vídeos) o el "esto es espontáneo y hay que hacerlo como tal", me han parecido entrañables. No estoy de broma, la manera de vivirlo de este tío a mi me flipa.
Pues bien, a alguien le ha debido encantar y añorando al murciano, ha hecho este montaje. ¿Qué pasaría si Camacho comentara los sanfermines?
Ayer fui a ver Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Creo que llego un mes tarde, pero si alguien no ha ido al cine a verla todavía, que se espere al DVD. Mejor, que espere a tener algún viaje en tren y que se la pongan. Madre mía qué película. Ojo que voy con varios spoilers.
Por partes. La película es entretenida, que quede claro. El principio es perfecto. Nos devuelve al mejor Indiana Jones. Al aventurero bacilón con sombrero y látigo, ese que sólo necesita una lámpara del techo para colgarse, hacer una pirueta mal hecha y salir pitando. Los 20 primeros minutos son, realmente, del Indy auténtico. Pero, oh maravillas de la tecnología, pasado ese rato en el Área 51 (que cuando la he visto he tenido esperanzas de estar ante una aventura de las buenas), nos encontramos con que a Steven Spielberg se le ha pirado la olla, y decide empezar a meter explosiones (¡nucleares!) a cholón. Indy sobrevive, por supuesto, aunque la bomba le pille a doscientos metros.
Tras el planteamiento de la historia y la salida a escena del personaje secundario, empieza lo bueno: las aventuras de Indy en Perú son para coger al guionista y decirle: "mira, chato, esto no me vale ni para 'Amar en tiempos revueltos', así que me vas cambiando estos diálogos chungueros y me metes algún moro peligroso, un tío con parche o algún nazi retirado, pero déjate de gilipollas con máscara que se asustan con la pipa de Indy, ¿me entiendes?".
Aún así, a media hora del final, llega el apoteosis de Steven. Una persecución por la selva que es de morirte de risa. Que si luchamos con espadas, que si saco un bazoka pero no me cargo nada, que si resulta que de repente los coches están cambiados de sitio porque es mejor que el precipicio le pille a Indy cerca... bueno, pues eso no es comparable con el 'momento liana' de Shia Leboeuf. Madre de mi vida. De repente el tío se convierte en una mezcla entre Tarzán de los monos y Greystoke con gomina y cazadora de cuero, al rescate del profesor de arqueología. Y no he terminado.
Se ve que a Stevie le hicieron un descuento especial al comprar el efecto catarata. Le debieron decir: "Mira, Steven, para qué vas a tirar a Indy desde una catarata si por el precio de dos yo te consigo tres niágaras que vas a fliparlo. Y además garantizamos que si la gente se cansa de tanta catarata en el cine, te llevas de regalo un remolino de agua ascendente rollo Jungla de Cristal III que te va a quedar güino, güino...".
En fin, que para copiar partes de guión de las anteriores películas, (un mapa enorme en el suelo de una sala, acertijos en una carta, serpientes...) se lo podían haber currado más, y sobre todo, no me jodas y no me mezcles a Indiana Jones con Expediente X y con Independence Day, porque la has cagado. Pero del todo.
En fin, os dejo con el trailer, que curiosamente, sólo trae las escenas que recuerdan al mejor Henry Jones.
Steven, me debes dos entradas de cine y una bolsa de gominolas.
Como ya comenté el viernes, este iba a ser un fin de semana cultural. Bilbao BBK Live en el Kobetamendi, que en vasco debe significar "praderas de Escocia". Madre mía la que nos cayó. Eso no era agua, no, eso era el Índico sobre nuestras cabezas. No me he mojado más en mi vida, claro que nunca he estado tan predispuesto a mojarme. Lo normal, cuando has pagado una entrada a precio de oro y empieza a jarrear (literal) en el primer concierto de los tres que vas a ver, pues te animas y piensas: "el típico chaparrón de verano que viene bien para refrescar el ambiente..." Y una puta mierda. Aquello no paraba. Y encima, cuando amenazaba con parar, te dabas cuenta de que estabas metido en medio de una nube en el monte más alto de Bilbao... conclusión: estás en una nube. Vapor de agua. Te empapas.
The Sunday Drivers muy bien, en su línea. Se les veía contentos de que cada vez se fuese acercando más gente a verlos. Junto a las vallas, los incondicionales. Poco a poco, mucha gente viéndoles.
Lenny Kravitz, un tipo cuyo concierto me podía perdonar, resultó ser un fiera en el escenario. Espectaculares solos de guitarra, batería y saxo. Muy buena combinación de los temas nuevos y de los clásicos-para-petarlo-en-los-conciertos (American woman, Fly away...). Momentazo cuando salió a las vallas con el público a darlo todo con el Love Revolution de fondo. Menos mal que no me lo perdoné.
Todo esto como antesala de R.E.M. Cuarenta minutos esperando bajo la lluvia y aparecen cantando Orange Crush y un par de temas de Accelerate. Ahí no sonaba demasiado bien, pero a partir de la cuarta canción la cosa mejoró y Michael Stipe empezó a meterse a la peña en el bolsillo. Llovía a mares, llevábamos cinco horas bajo la lluvia y el frío, pero anda y que le dieran al mal tiempo. Hora y media de concierto espectacular.
Os dejo con dos vídeos, lo prometido es deuda, esperando que os animéis a verles en Murcia, el 30 de septiembre, o en Madrid, el 1 de octubre. De los Sunday y Lenny Kravitz no tengo ninguno realmente visible. Estaba demasiado cerca de los altavoces y el audio está roto.
CocaCola ha lanzado su nueva campaña. Con el mismo estilo ochentero del famoso anuncio en el que aparecían Gordillo, Mayra Gómez Kemp, el Space Invaders y los vaqueros nevados, los tíos lo han bordado.